Dicen, que los seres humanos, somos los únicos que tropezamos dos veces con la misma pierda, y es cierto.
En mi caso, no tropiezo dos veces, no no, sino, que tropiezo millones de veces con la misma piedra.
Llegados a este punto, casi me atrevería a deciros, que estoy acostumbrada a tropezarme tantas veces, pero no solo a eso, si no que también, me he acostumbrado a levantarme sola.
- Solo hago que tropezar.
+ ¿Por qué tropiezas?
- Porque soy tonta, y no me doy cuenta del daño que me haces.
+ ¿Tropiezas conmigo?.
- Sí.
+ Pues déjame, olvidame, haz como que no existo... no quiero ser tú piedra.
- No, si mi piedra eres tú, no me importa tropezar una vez, y otra, y otra, y otra...
Parecía como que el amor, no iba a llegar nunca, pero en ese momento, apareciste tú. Esa persona que me incita a caerme todo el rato, pero que cuando se dá cuenta, no duda en ayudarme a levantar.
Esa persona, que no se dá cuenta de lo que es para mí, pero que sin ella, yo, no sería lo que soy. Y esa persona, eres tú.

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