lunes, 6 de agosto de 2012

Díselo una y otra vez.

Hazme un favor. Cada vez que la veas dile que es preciosa, que es la chica más bonita que has visto nunca. Que sus ojos te vuelven loco y que matarías por verla dormir a altas horas de la madrugada.
Repíteselo mil millones de veces si hace falta.
¿Sabes por qué?
Porque después de esas mil millones de veces, cuando vayas a decírselo de nuevo, esa frase, con tu voz, pasará por su cabeza antes de que tu la termines, y quizás, algún día, sepa lo bonita que es.

Levanta esa cabeza.

En aquel momento todo me iba mal. Nada salía como yo quería.
Siempre me ha gustado planear las cosas, imaginarme lo que voy a hacer o lo que voy a decir.
Luego llega el momento y nada sale como yo esperaba y para mí, eso es que las cosas no van bien.
Salía a la calle y caminaba, así día tras día.
Clavaba mi mirada en el suelo y caminaba sin apenas levantar la cabeza.
Hasta que un día de esos, mientras andaba perdida por las calles, escuché tras de mi una voz que sin más, me dijo:

- Levanta esa cabeza. Todo se va a poner mejor, pero no podrás verlo si vas mirando al suelo.


Una princesa, mi princesa.

Era casi una niña, todavía no había visto todo sobre la vida, le quedaba mucho camino que recorrer. Yo no era quién para decirle que debía y que no debía hacer.
Cuando pasé cerca de su habitación, pude escucharla llorar. No pude evitar entrar. Y allí estaba, tendida sobre la cama, maldiciendo el momento de su nacimiento.
Ella siempre lo decía, una vez que empezaba a llorar, ya no podía parar.
Me acerqué y me senté a su lado, sin apenas rozarla.

- ¿Qué te pasa princesa?
+ Yo solo quería encajar, ser feliz, pero son demasiado diferentes a mi.
- No necesitas encajar, necesitas ser tu misma.
+ Claro que lo necesito.
- Anda, ven aquí.

La escondí entre mis brazos, acurrucando su cabeza en mi pecho. Intentaba hacerle ver que ella era perfecta, que era un tesoro, pero que no todas las personas eran sus piratas.
Después de un rato abrazándola, sonrío, se había dado cuenta de que había muchas formas de encajar.
En mis brazos por ejemplo, a ella, no le hacía falta más.
Era una princesa, mi princesa.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Hablemos de la belleza.

Hoy vamos a hablar de la belleza.
Quizás está demasiado valorada. A día de hoy, más del 90% de la gente del mundo, somos superficiales.  Y sí, tristemente me incluyo.
Me culpo.
Es un defecto que nadie quiere tener, pero que algunos tenemos.
Alguna vez me han dicho que todos somos superficiales, que lo primero que vemos de la persona, es su físico y eso es cierto, pero, ¿Qué hay después?.
Si es una persona diferente, ¿no vas a darle una oportunidad?.
Quizás esa persona que no te entra por los ojos de buenas a primeras, luego se queda contigo, consigue enamorarte.
A menudo dicen que la belleza gusta, pero la personalidad, enamora.
Yo pienso que la gente no nos diferenciamos por ser guapos o feos, cada uno, tenemos nuestro lado encantador.

Similar a los cuentos.

Creo que ya os he dicho y varias veces, que no soy perfecta y de todas maneras no quiero serlo. Me gusta ser una chica normal con sus defectos y con sus manías. Pero sigue faltandome algo.
Quizás empiece a ser una obsesión, no lo sé, pero podría serlo.
Ves a la mayoría de gente con sus parejas. Están tan enamorados que serían capaces de hacer cualquier locura por el otro.
¿Y qué haces tú? Tú mientras tanto, te mueres de envidia por dentro y les odias, les odias a todos.
Por lo demás, todo anda bien, intentas quererte a ti mismo y te haces creer que vales la pena, que alguien vendrá y te recordará todas las cosas buenas que tienes.
Pero esto es como en los cuentos, que al fin y al cabo, nunca son de verdad.

Yo voy si tu vas.


Todavía no habías llegado.

-Te he visto a lo lejos y estabas muy seria, ¿por qué no sonreías?
+Porque todavía no habías llegado.